Existe la percepción de que vender mallas anti-pájaros para la industria minera consiste únicamente en ofrecer un producto resistente. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Además de la calidad del material, el cumplimiento de la legislación y de las normas ambientales es un factor determinante.
En México, la instalación de mallas sobre presas de jales o patios de lixiviación no es un elemento opcional ni un simple complemento operativo: constituye un requisito normativo y una medida clave para superar auditorías nacionales e internacionales.
En minería, el incumplimiento de normas ambientales puede traducirse en multas millonarias, cierre temporal de operaciones y pérdida de certificaciones. Las mallas anti-pájaros no son opcionales cuando se trata de proteger la vida silvestre de contacto con sustancias tóxicas como cianuro o metales pesados. Las normas ambientales y de seguridad más relevantes que regulan el uso de mallas anti-pájaros en minería son:
Esta norma establece explícitamente la obligación de instalar sistemas para ahuyentar o excluir aves de los patios de lixiviación. Además, obliga a limitar el acceso de fauna terrestre a áreas críticas.
Define criterios para proteger flora y fauna en zonas de disposición de residuos. Si los estudios de caracterización muestran riesgo para aves migratorias o locales, la instalación de mallas es la medida estándar de mitigación.
Aplicable a minas certificadas o en proceso de certificación, exige protección de la fauna como criterio de auditoría esencial. No cumplir puede impedir la obtención o renovación de la certificación.
En conclusión, las mallas anti-pájaros no deben considerarse un lujo ambiental. Son un requisito regulatorio, una herramienta de cumplimiento y un componente estratégico para proteger la imagen corporativa de la operación minera.
No todas las mallas disponibles en el mercado cumplen con los estándares exigidos por el entorno minero. Las condiciones en presas de jales y patios de lixiviación suelen ser extremas: radiación solar intensa, vientos constantes y exposición a agentes químicos agresivos. Por ello, la selección del material y del diseño debe basarse en criterios técnicos rigurosos.
El material recomendado es el polietileno de alta densidad (HDPE). Este polímero ofrece mayor resistencia mecánica y estabilidad frente a la radiación ultravioleta. En contraste, el polipropileno convencional tiende a cristalizarse y fracturarse con la exposición prolongada al sol, especialmente en regiones desérticas.
La malla anti-aves debe incorporar aditivos estabilizadores de luz tipo HALS (Hindered Amine Light Stabilizer), que prolongan su vida útil y permiten garantizar un desempeño mínimo de cinco años bajo exposición solar continua.
La dimensión de la abertura debe definirse según el tipo de fauna que se busca excluir
El color negro, con alto contenido de “carbon black”, ofrece la mejor resistencia frente a la radiación UV. Los colores claros o verdes solo deben emplearse cuando exista un requerimiento visual específico, ya que su desempeño frente al sol puede ser inferior.
La eficacia de una malla anti-pájaros no depende únicamente de su calidad, sino también de su correcta instalación. En entornos mineros, una colocación inadecuada puede comprometer tanto la protección de la fauna como la inversión realizada.
Es indispensable instalar una cuadrícula de cables de acero recubiertos o drizas tensadas que sirvan de soporte estructural sobre la pileta o el área a cubrir. Esta red distribuye cargas y evita deformaciones.
Los puntos de anclaje deben diseñarse cuidadosamente. Es común emplear dados de concreto o sacos de arena en el perímetro, asegurando que no se perfore ni se dañe la geomembrana.
La malla debe mantenerse adecuadamente tensada. En minas a cielo abierto, el viento es uno de los principales factores de desgaste. Una malla floja genera vibraciones, aumenta la fatiga del material y reduce considerablemente su vida útil.
Una instalación profesional no solo protege la fauna silvestre, sino que también resguarda la inversión de la empresa y previene interrupciones operativas derivadas de incumplimientos o fallas estructurales.
En SAI, entendemos que la protección ambiental en minería no admite improvisaciones. Por ello, ofrecemos soluciones ambientales integrales, diseñadas bajo los más altos estándares técnicos y normativos. Nuestro equipo está conformado por expertos en instalación certificados e internacionalmente reconocidos, con amplia experiencia en proyectos mineros de alta complejidad.
Acompañamos cada proyecto en la correcta instalación, garantizando cumplimiento legal, eficiencia operativa y máxima durabilidad. Con SAI, obtienes una solución completa respaldada por conocimiento especializado, responsabilidad ambiental y compromiso con la excelencia. Contáctanos hoy mismo.
Sí. Cuando existe un riesgo documentado para fauna silvestre en contacto con cuerpos de agua o soluciones de proceso, la omisión de medidas preventivas como las mallas puede derivar en multas y otras sanciones administrativas.
No. Únicamente las mallas fabricadas en HDPE con aditivos UV y tejido industrial cumplen con los estándares necesarios. Las mallas agrícolas o de uso ligero presentan degradación acelerada en ambientes mineros.
Con materiales adecuados y una tensión apropiada, la vida útil puede oscilar entre cinco y ocho años, incluso en condiciones ambientales severas.
La obligatoriedad depende del estudio de riesgo ambiental. Si se determina que la presa representa un peligro para la fauna local o migratoria, la instalación será requerida conforme a la NOM-141 y a estándares internacionales como el Código del Cianuro.